Pangasius sanitwongsei (Tiburón Tailandés)

Pangasius sanitwongsei (Tiburón Tailandés)

Nombre común: Originario de Vietnam, lugar donde recibe el nombre de “Trey Po Pruy”, este recién llegado a nuestros acuarios al que se le conoce vulgarmente como “Tiburón Tailandés” y “Pangasius Gigante” en el mundo latino (aunque nunca debe confundirse con su hermano mayor, el Pangasionodon Gigas, también llamado “Pangasius Gigante”) y “Paroon Shark” o “Chao Phraya Giant Catfish” en el anglosajón. También se le dan los nombres de “Dog eater pangasius”, es decir, “Pangasius come-perros”.

Clasificación:
• Orden: Siluriformes.
• Familia: Pangasiidae. (Pangasius).

Biotopo:
Desde arrozales a grandes ríos, como los de las cuencas del Mekong y el Chao Phraya.

Distribución:
Vietnam, Tailandia, Camboya y Laos.

Forma:
Forma que recuerda a la de un tiburón, con aletas muy largas provistas de filos cortantes. Boca de gran tamaño dispuesta en sentido horizontal.

La peligrosidad de este siluriforme de tendencias migratorias no sólo radica en su tamaño, peso y legendaria voracidad, sino que se concentra, sobre todo, en sus largas y aceradas púas situadas en los extremos de las aletas dorsal y pectorales. Estos afiladísimos “cuchillos” lacerantes son capaces de seccionar peces grandes por la mitad (hay quien dice que también mamíferos o incluso hombres, aunque entra dentro de la leyenda más de lo real). No obstante se cuenta lo que supuestamente le sucedió a un pescador de Raheng (Tailandia) que en 1925 capturó un ejemplar de más de dos metros y medio de longitud. Cuando trató de remorcarlo con la barcaza hasta la orilla, “Pla Thepa” (así se le conoce en la región) se revolvió en un intento desesperado por regresar a la libertad del agua. La mala suerte hizo que una de sus aletas pectorales contactase con la cintura del pescador al que dividió en dos partes como si de mantequilla se tratase.

Además, parece ser que estos Pangasius deambulan por los arrozales durante su etapa juvenil llegando a convertirse en el terror de unos agricultores que pueden acabar con los tendones desgarrados. El “método del desgarro” es habitual en sus modos de caza. Primero provocan una herida lacerante en la presa; después, siguen su rastro de sangre hasta que pueden tragarla -entera, claro está, puesto que carecen de dientes-.

Pero también estos cuchillos laterales son perniciosos para los ejemplares de su propia especie por los roces constantes que se sufren en un acuario. Del mismo modo, con el tiempo, se vuelven terriblemente territoriales y los ejemplares más desarrollados castigan sin piedad a los de menor tamaño. Un individuo que haya alcanzado 80-90 cm de longitud debe ser mantenido sólo. Creo, también, que no se hace necesario comentar la incompatibilidad de su enorme boca con el mantenimiento de otras especies.

Coloración:
Cuerpo de color gris, con pigmentación negra en los extremos de las aletas.

Tamaño:
De 2,5 a 3 metros y de 250 a 300 kilogramos.

¡Aviso!: El Pangasius Sanitwongsei no detiene su crecimiento aunque se le quede pequeño el acuario, lo que inevitablemente concluirá con su muerte si no se remedia a tiempo.

Diferencias sexuales:
Aún no se ha conseguido discernir su dimorfismo sexual.

Temperatura:
De 24 a 27ºC.

Agua:
pH neutro; Dureza: agua ligeramente blanda.

Es, desgraciadamente, una de las especies que más sufre con el deterioro de la calidad del agua. Si la temperatura no se halla entre los 24 y 27ºC, si el pH no se sitúa alrededor de 7.0 y si se permite que exista algún ligero rastro de nitritos en el agua (algo bastante normal para los hábitos alimenticios de estos insaciables animales), no le quepa duda a nadie de que nuestro protagonista enfermará irremediablemente. En estos casos se impone un cambio inmediato de agua del 40% asistido por la introducción en la misma de algún producto regenerador de la mucosa, bacterias nitrificantes y la provisión de un tratamiento a base de Acriflavina (y no me preguntéis por qué, pero es lo único que les hace efecto aunque en mayores dosis de las recomendadas por las instrucciones del medicamento). Y, para evitar el estrés, no habrá más remedio que apagar el foco del acuario durante el mencionado cambio y un par de días a partir de ese momento. No se les deberá suministrar ningún tipo de alimento mientras permanezcan enfermos porque lo rechazarán; seguramente no volverán a comer hasta pasada una semana.

Acuario:
Medidas según tamaño del animal. Se aconseja comenzar con un 100 litros (hasta 40 cm), pasar a un 600 (hasta el doble de tamaño) y continuar con un 1.200 e ir aumentando en virtud de sus necesidades. No detiene su crecimiento aunque se le quede pequeño el acuario, lo que le provocará la muerte. Se recomienda no usar ningún tipo de decoración para dejar así espacio libre para la natación. Los cristales y la urna han de reforzarse para que no se fragmenten. Fijar y proteger bien todos los aparatos para evitar que se destruyan en una de sus embestidas. Filtrado externo con fuertes corrientes para desarrollar su musculación. Imprescindible el uso de compresores de aire dado su gran consumo de oxígeno. Luz media. Cualquier ligero deterioro en las condiciones del agua les hará enfermar.

Sólo los ejemplares juveniles pueden ser mantenidos en acuario siempre y cuando se disponga de tiempo y mucha experiencia. Mejor en centros de exhibición.

Está muy claro que no es una especie apta para neófitos o personas que dispongan de poco tiempo para la crianza de los pocos ejemplares juveniles que hoy en día pueden conseguirse en el mercado (a estas alturas del relato ya habréis comprendido que se hace imposible la comercialización de individuos considerados semi-adultos ya que sus medidas alcanzan el metro de longitud). Y no es apta para el tipo de aficionados que he mencionado tanto por las características apuntadas en un principio como por su rápido crecimiento, por la necesidad de disponer de un acuario de 1.200 litros en adelante y, sobre todo, por su alta mortalidad. De hecho, si se quiere conseguir llegar a desarrollar un par de ellos hasta un tamaño más o menos “grande”, será necesario adquirir al menos cinco ejemplares en total porque seguro que los tres restantes no llegan a pasar de los quince días o del mes de vida. Y eso con suerte, pues muchos ni siquiera consiguen adaptarse a su nuevo hogar por mucho cuidado y empeño que se haya puesto en la tarea. (Debo recomendar el método del goteo como único medio válido para intentar conseguir dicha adaptación aunque esta regla se debería aplicar a todas las especies de animales y, también de plantas.)

Otro problema añadido lo constituye el hecho de que no se les pueda introducir en un gran acuario desde el primer día porque también se estresan y mueren. Necesitan ir pasando por acuarios de menor a mayor capacidad según necesidades de crecimiento hasta que se les pueda introducir en un tanque de considerables dimensiones, algo parecido a lo que les sucede en libertad.

Alimentación:
Ejemplares Juveniles: larvas, gambas, trozos de pescado. Ejemplares adultos: pescado y crustáceos.

Aceptan alimento congelado y se les puede acostumbrar a tomarlo liofilizado aunque resulte difícil conseguirlo.

Comportamiento:
A partir de los 50 cms. es aconsejable un solo ejemplar por acuario dado la peligrosidad de sus púas. Muy territoriales. Cualquier especie de menor tamaño será engullida.

Peligrosidad: Muy peligroso a partir del momento en que desarrollan sus púas por completo (antes de medir un metro). Se deberá tener cuidado en el mantenimiento del acuario porque su tremenda rapidez les hace imprevisibles.

Si alguien ha tratado de mantener algún ejemplar de la especie que nos concierne sabrá a que me refiero cuando afirmo que muy probablemente hablamos del pez más “estresable” y enfermizo de todos cuantos se puedan comercializar para acuariofilia. Pasa el día de susto en susto (nunca termina por reconocer a su dueño) estrellándose contra las paredes y adornos del acuario, provocándose heridas inciso-contusas en los labios e incluso la muerte originada en un derrame cerebral o en un coágulo. A veces puede suceder que sus fuertes golpes acaben con la rotura de los paneles de cristal del acuario siempre y cuando hayan alcanzado el peso adecuado como para conseguirlo. Estos mismos sustos les hace vivir en un clima de estrés constante que expresan tornando su color de un negro intenso a un metálico plateado o sucumbiendo víctimas de un infarto.

El cambio de coloración es síntoma de haber comenzado a segregar una gran cantidad de mucosa que cubrirá sus cabezas y ojos llegándoles a dejar ciegos de forma temporal o, en caso de no lograr su cura, de forma permanente con las previsibles consecuencias. Durante esta etapa dejarán de comer y serán pasto de cualquier tipo de enfermedad, especialmente si son de origen bacteriano, aunque también el cultivo de hongos constituye una de sus “grandes pasiones”: En su defensa hay que decir que tan rápidamente como enferman así también se regenerarán.

Reproducción:
Desconocida.