Nannacara anomala (Cíclido enano de ojos dorados)

Nannacara anomala (Cíclido enano de ojos dorados)

Nombre común: Cíclido enano de ojos dorados, Cíclido enano dorado. Nannacara anomala.

Antiguas denominaciones ya en desuso: son Acara punctata (1836, Gunther) y Nannacara taenia (1912, Regan).

Etimología: El nombre del género, Nannacara, proviene de nanus = pequeño en latín, y acara = cíclido en guaraní, de forma que Nannacara significa pequeño cíclido.

El de la especie, anomala proviene de la palabra latina anomalus que significa inusual, Regan no ha dejado una explicación al respecto, textualmente lo describió como “unusual and odd”.

Primera importación: Koslowsky (1985) aseguró que llegaron a Europa en 1912. Otras fuentes señalan que la primera importación se hizo en 1934 a cargo de Fritz Mayer para el acuario de Hamburgo.

Clasficación:
• Orden: Perciformes.
• Familia: Cichlidae (Cíclidos).
• Subfamilia: Cichlasomatinae.
• Tribu: Cichlasomatini.

Biotopo:
A menudo se le ve en las sabanas inundadas en zonas costeras, aparte de en ríos de la Guayana Francesa y Surinam.

Distribución:
Procede de los ríos Essequibo y Aruke en la Guayana Francesa y curso bajo del río Marowijne en Surinam. Kullander informa haber encontrado algunos ejemplares en Brasil, en la zona de Pará.

Forma:
Ahusada y comprimida lateralmente, con grandes aletas en los machos típica de los cíclidos enanos sudamericanos. Presentan unos característicos ojos dorados.

Conjuntamente con N. aureocephalus y N. taenia, forman parte del subgrupo del Nannacara anomala.

Coloración:
Los machos son de color azul, con una franja difusa más oscura que lo divide en forma longitudinal y un filo rojo en el borde exterior de la aleta dorsal. Esta librea la muestran en época de celo o cuando se trata de ejemplares dominantes. El resto del tiempo presentan un color más marrón, aunque se distinguen perfectamete los brillos azulados en sus escamas. Las hembras son siempre de color pardo uniforme con la parte inferior amarillenta, salvo en época de celo y de cría, donde presentan un dibujo “ajedrezado” muy característico y la cabeza de color marrón oscuro, casi negro.

Tamaño:
Hembras 4 cm, machos 7 cm.

Diferencias sexuales:
Muy evidentes. Aparte del mayor tamaño del macho y de las diferencias observadas en el apartado “coloración”, las aletas del macho son mucho más grandes y terminadas en punta.

Temperatura:
22º a 25º centígrados.

Agua:
pH 6.0-7.4; dGH máximo 10º.

Acuario:
Por su pequeño tamaño puede mantenerse en acuarios reducidos, de sólo 60 litros.

Alimentación:
Aceptará escamas, gránulos, papillas, etc., pero el alimento vivo será su preferido.

Comportamiento:
Pez pacífico dentro de su género, aunque territorial cuando cría. Puede mantenerse en acuarios comunitarios, aunque no conviene mezclarlos con cíclidos más agresivos, pues llevarán siempre las de perder. No obstante, una hembra criando es capaz de hacer frente a un loricárido, un T. meeki o incluso a peces mayores. Los machos suelen establecer grandes territorios que pueden albergar a varias hembras. En su hábitat los territorios de los machos pueden alcanzar los dos metros cuadrados.

Reproducción:
El macho corteja a la hembra desplegando todo lo que puede sus aletas, e incluso abriendo los opérculos y mostrando sus colores más vivos, con un azul brillante. Si la hembra se muestra receptiva se aprecia el cambio de la librea de esta al barrado nupcial. Cada vez que la hembra pasa por delante el comportamiento de pavoneo del macho es evidente.

En la mayoría de los libros se asegura que Nannacara anomala es un frezador de cuevas, pero en realidad también lo hace en espacios abiertos, sobre piedras planas o incluso hojas de plantas, siempre que estén bien al abrigo de las plantas y no muy expuestos. La hembra deposita entre 50 y 300 huevos de color marrón claro. Eclosionan al cabo de dos días y la hembra los traslada a huecos excavados en el sustrato. Entre 3 y 4 días después la hembra sale de su escondite rodeada de una nube de alevines. Es el momento para empezar a alimentarlos con nauplios de artemia.

La pequeña hembra pacífica y tímida –pese a ser dos o tres veces más pequeña que el macho– en el momento en que tenga una puesta, expulsará a este de su territorio sin piedad y sin contemplaciones, y si no tiene espacio suficiente donde huir, habrá que trasladar a este a otro acuario, porque puede llegar a matarlo.

El instinto maternal de las hembras es tan fuerte que si pierden a sus crías son capaces de reunir a su alrededor artemias, cíclopes o los alevines de peces de otra especie y cuidarlos como si fueran sus hijos.