Anguilla rostrata (Anguila americana)

Anguilla rostrata (Anguila americana)

Nombre común: Anguila americana, Anguila común, Anguila limón. En inglés: “American eel”. Anguilla rostrata.

Clasificación:
• Orden: Anguilliformes. (Anguilas y morenas).
• Familia: Anguillidae.

Biotopo:
De hábitos demersales (asociados al fondo), se puede encontrar en agua dulce, salobre o marina, dependiendo de la edad de los organismos. Los juveniles y adultos se encuentran refugiados (semi-enterrados) durante el día en fondos preferentemente arenosos o áreas con vegetación abundante. Durante la noche muestran una mayor actividad por la búsqueda de alimento. Son organismos catádromos, lo que significa que pasan gran parte de su vida en agua dulce o salobre, internándose en el agua marina para desovar. Cuando se encuentran en cuerpos continentales de agua dulce, usualmente son de flujo continuo, bien oxigenados. La permanencia en cuerpos de agua salobre se asocia a ciertas temporadas del año o al sexo de los organismos (los machos tienden a pasar mayor tiempo en aguas salobres, mientras que las hembras lo hacen en agua dulce).

Distribución:
Esta especie es la única de las 16 pertenecientes al género que se encuentra en Norteamérica. Se distribuye desde Canadá hasta Centroamérica, en la costa occidental del Atlántico.
Forma:
Es un pez de forma alargada que recuerda a las serpientes terrestres. Sus aletas dorsal y anal corren a lo largo del organismo juntándose en el extremo posterior (caudal) del mismo. Presenta dos pequeñas aletas pectorales y una abertura branquial en cada costado. La cabeza es pequeña y alargada. Sus ojos se localizan en la región anterior de la cabeza. Las escamas son pequeñas.

Coloración:
La coloración de esta especie varía con la edad. Al nacer y durante los primeros meses de vida, son transparentes, para posteriormente adquirir una coloración amarillenta u olivácea translúcida, la cual conservan durante varios años. En su edad adulta la coloración dorsal se torna sólida y oscura, mientras que la ventral adquiere un color plateado.

Tamaño:
La longitud máxima reportada en los machos es de 1,5 metros, mientras que las hembras alcanzan de 1 a 1,2 metros.

Diferencias sexuales:
No existe dimorfismo sexual aparente, salvo por la longitud.
Temperatura:
Al ser organismos con un amplio rango de distribución, la temperatura del hábitat natural es variable (4 a 28 ºC).

Agua:
Esta especie se encuentra preferentemente en cauces de agua con flujo continuo y buena oxigenación. Aunque en el transcurso de su vida pueden transitar de agua completamente dulce a completamente marina, gran parte de su vida la pasan en agua dulce, habiendo reportes de estancia prolongadas en aguas estuarinas. Si se desea su mantenimiento en agua salobre, deberá adicionarse sal marina hasta obtener densidades del orden de los 1.006-1.008.

Acuario:
Pese a que en algunos lugares los juveniles son comercializados como especie de ornato, no es recomendable su mantenimiento en acuarios domésticos dada la longitud que alcanzan los ejemplares adultos. De insistirse en adquirir un juvenil de la especie (generalmente se venden de entre 20 a 50 cm de longitud), debe considerarse una pecera de gran tamaño (al menos 1,5 metros) con buena oxigenación y filtro potente. El sustrato estará compuesto por arena o grava muy fina para que puedan enterrarse. La decoración puede estar compuesta por rocas, troncos y vegetación. Habrá que ser tolerante al desorden, ya que por la fuerza muscular y la intensa actividad durante sus incursiones nocturnas, suelen “modificar” la decoración dispuesta. El acuario deberá estar tapado, ya que además pueden intentar salirse.

Si se tiene gusto por las anguilas, es preferible seleccionar alguna especie comercial de la familia Muraenidae (morenas), ya que la longitud máxima de algunas especies es mucho menor (Como ejemplo se tiene a Gymnothorax tile, con una longitud máxima de 60 cm). Únicamente hay que tomar en cuenta que las morenas son preferentemente salobres o marinas, que pese a su menor tamaño también requieren de acuarios grandes y, que es común que los ejemplares no coman y por tanto mueran. Una de las diferencias más destacadas entre ambas familias es que Anguillidae presenta aletas pectorales y Muraenidae no.

Alimentación:
En su estado larvario se alimentan de plancton. Los juveniles y adultos, carnívoros, se alimentan de una gran variedad de organismos tales como macroinvertebrados y peces. En cautiverio se les puede alimentar con alevines, pequeños peces o larvas de invertebrados, así como con camarón congelado y trozos de pescado. Generalmente no aceptan comida seca.
Comportamiento:
Peces pacíficos que pasan el día escondidos entre rocas y plantas o semi-enterrados en el fondo, sobresaliendo sólo la cabeza. Se alimentan preferentemente durante la noche.

La sangre de las anguilas posee una proteína denominada hemoitiotoxina que actúa de hemolítico al entrar en contacto con la sangre de un animal. Actúa rompiendo la membrana de los glóbulos rojos, que liberan hemoglobina y los síntomas que produce esta toxina son parálisis sensorial y motora y bloqueo de la respiración. Esta toxina –también presente en congrios y morenas– es termolábil y se neutraliza fácilmente con el calor. En el caso de los humanos sólo es peligrosa para la salud cuando entra en contacto con la sangre humana a través de una herida.

Reproducción:
La reproducción de las anguilas es uno de los misterios que han asombrado a los estudiosos, y aún sigue haciéndolo. Durante siglos se ha considerado una completa incógnita, pues llamaba la atención que en las aguas dulces tanto de Europa (en este caso Anguilla anguilla) como de América hubiera anguilas adultas, pero nunca se encontraban huevos ni ejemplares jóvenes. El asunto fue un misterio sin respuesta, y hasta el mismo Aristóteles llegó a sugerir que las anguilas se engendraban espontáneamente en el fondo de los lagos. Textualmente, en su obra “Historia de los Animales. Libro VI”, el sabio griego escribe: “De todos los animales sanguinos, ésta es la única especie que no procede ni de apareamiento ni de huevos. Es evidente que ello ocurre así, pues en ciertas lagunas de marismas, después de haber sido vaciada fuera toda el agua y todo el fango extraído, vuelven a salir cuando llega agua de lluvia… Algunos son de la opinión de que las anguilas procrean… pero esto no es cierto, sino que nacen de las llamadas ‘entrañas de la tierra’, animalillos que se forman por generación espontánea en el fango en la tierra húmeda…” Más adelante el naturalista romano Plinio (23-79 dC) supuso que las jóvenes anguilas surgían de la mucosa que se desprende de la piel de los adultos cuando se frotaban contra las rocas. En la Edad Media hasta hubo quien lo consideraba un asunto tras el que se escondía el mismísimo Diablo. Tachius, conocido alquimista del siglo XVII, aventuraba que a partir de los trozos cocidos de una anguila adulta, arrojados a un estanque con abundante vegetación, podían surgir miles de pequeñas crías.

Más adelante las hipótesis fantásticas e infundadas dieron paso a la observación y en algunos países de Europa y Norteamérica se dieron cuenta de que en ciertas épocas del año llegaban a los estuarios de los ríos pequeñas larvas de anguila (las apreciadas “angulas”, hoy convertidas en artículos de lujo para los platos de los adinerados) que nadaban remontando los ríos hasta llegar a las aguas dulces del interior, y allí continuaban su vida, pero sin reproducirse. En 1684 el italiano Redi observó que las anguilas adultas descienden hasta el mar desde los ríos, y que los jóvenes seguían el camino contrario, presentando la hipótesis de que la reproducción de las anguilas ocurre en el mar. Parte del misterio empezaba a desvelarse, pero mucho quedaba aún por esclarecerse.

En 1856, Kaup describió una nueva especie de pequeños peces marinos alargados y semitransparentes con forma de hoja que habitaban en el Mar del Norte y la llamó Leptocephalus brevirostris, sin darse cuenta de que se trataba de una fase larvaria de la anguila previa a la angula. En 1896, Grassi y Calandruccio observaron en su laboratorio la metamorfosis del leptocéfalo en angula y luego en anguila adulta. Incluso demostraron que otra especie que había sido denominada Leptocephalus morrisi se transformaba en un congrio, desvelando de paso otro misterio reproductivo menos comentado. Y pese a todo, quedaba otro misterio por resolver ¿que hacían allí esas larvas? ¿dónde se reproducían las angulas?

Desde 1904 a 1921 las investigaciones del oceanógrafo danés Johannes Schmidt siguieron la pista de los leptocéfalos. Durante esos años, en una encomiable labor científica, Schmidt se dedicó a capturar ejemplares de leptocéfalos en diferentes lugares del Atlántico, midiendo sus tamaños medios. El danés comprobó que el tamaño iba disminuyendo al ir acercándose al Mar de los Sargazos, donde sólo se pueden capturar ejemplares de unos 10 mm de longitud, mientras que los capturados en las inmediaciones de las costas europeas o americanas, justo antes de su transformación en angulas, miden unos 75 mm. Comprobó igualmente que todas las anguilas europeas pertenecen a una única especie y que no existen razas geográficas, por lo que su lugar de reproducción tenía por fuerza que ser único. Así, demostró que las anguilas adultas, para reproducirse, realizan migraciones de más de 5.000 km, desde sus viviendas en los ríos y lagos de Europa hasta una zona comprendida entre los 22º y 30º de latitud norte y los 48º y 65º de longitud oeste, en pleno Mar de los Sargazos. Schimdt comprobó también que cuatro años después de su nacimiento, los leptocéfalos llegaban a Europa transformados en angulas para remontar los ríos.

La respuesta al dónde estaba clara: el Mar de los Sargazos… pero con ello no se acaban todos los misterios. El Mar de los Sargazos –que debe su nombre a las algas Sargassum natans– está situado junto a las Bermudas, entre Florida y las Azores, en la zona sudoccidental del Atlántico y pertenece, en parte, al denominado Triángulo de las Bermudas, un lugar que ya de por sí tiene cierto misterio. La corriente del Golfo y la corriente ecuatorial del norte rodean el mar de los Sargazos. A consecuencia de ello, esta masa de agua de forma ovalada gira lentamente en sentido horario, con aguas calidas y muy saladas. Las fuerzas de rotación de las corrientes circundantes provocan que el nivel en el centro del mar de los Sargazos sea casi un metro más alto que el de las aguas del Atlántico que lo rodean…. es decir, que estando en el mar la superficie está a un metro sobre el nivel del mar…

Las anguilas que permanecen en las aguas salobres de los estuarios, en lugar de subir río arriba, acaban convirtiéndose en machos, mientras que todas las que viajan corriente arriba, hasta aguas de menor salinidad, se convierten en hembras. Las condiciones de salinidad resultan pues vitales para la determinación del sexo de los individuos. Por ejemplo, en el mar Báltico, de baja salinidad, todas las anguilas son hembras, mientras que los ejemplares de las aguas más al sur son todos machos.

Al llegar la época de reproducirse, que en los machos suele ser entre los 6 y los 12 años y en las hembras entre los 8 y los 13 años, las anguilas comienzan el viaje del que ya nunca volverán. Antes de emprender viaje cambian su coloración gris verdosa, para convertirse en una “anguila plateada” y emprender un largo viaje al Mar de los Sargazos, sitio en que, finalmente se reproduce y muere, de modo que desovan una sola vez en su vida. El desove se produce de marzo a junio. Las anguilas europeas tardan de seis meses a un año en llegar allí, y recorren más de 30 km diarios, mientras que la anguila americana debe recorrer una distancia mucho menor. Se calcula que una hembra de anguila puede llegar a poner hasta diez millones de huevos.

De los huevos de anguila salen minúsculas larvas –los leptocéfalos– que se dejan arrastrar por las corrientes marinas a grandes distancias. Al acercarse a las costas de Norteamérica (al cabo de un año) o a las europeas (al cabo de entre tres y cuatro años), es cuando se transforman en angulas, que penetran a millares en los ríos y nadan corriente arriba para establecerse en los cursos altos, donde continúan creciendo.

Un misterio queda aún por resolver… o más bien varios. La forma en que los leptocéfalos de la especie americana (Anguilla rostrata) saben que han de volver hacia América y las de la especie europea (Anguilla anguilla) obedecen su instinto de volver hacia Europa… y un misterio aún mayor y al que nadie ha ofrecido una respuesta convincente: ¿por qué las anguilas europeas, que hacen un viaje del triple de duración, tienen al llegar a los estuarios el mismo tamaño que las anguilas americanas al llegar a los estuarios del nuevo mundo?

Desde hacía tiempo estaban descritas las dos especies de anguilas a ambos lados del Atlántico. La especie europea (Anguilla anguilla), que pasa la mayor parte de su vida en los ríos y lagos de Europa y el norte de Africa, penetrando en el Mediterráneo, y la especie americana (Anguilla rostrata) que se encuentra a lo largo de toda la costa este de América del Norte, desde Labrador hasta el Golfo de México. Se daba por hecho que las dos especies desovaban en el Mar de los Sargazos, y que después de nacer, cada larva, siguiendo sus instrucciones genéticas o su instinto emprendían el camino de vuelta hacia los ríos de donde partieron sus progenitores, unas hacia las cercanas costas de América, y las descendientes de anguilas europeas, hacia la lejana Europa, de forma ordenada, sin mezclarse las dos especies a lo largo del proceso. Pero en 1959, en pleno apogeo de la “Teoría del Caos” (que postula que “iguales condiciones iniciales producen resultados completamente distintos”), el norteamericano Tucker aventuró una hipótesis revolucionaria según la cual el organismo de la anguila adulta está adaptado a comer en aguas dulces, de modo que no puede alimentarse en absoluto mientras se encuentra en el mar, dirigiéndose hacia el Mar de los Sargazos. Este hecho está científicamente comprobado, ya que la anguila sufre cambios morfológicos antes de emprender su viaje, que atrofian su tubo digestivo y propician la acumulación de reservas de grasa, que llegan a ocupar más del 25% del peso corporal, y emplea estas reservas para llegar extenuada a su destino. Según la teoría de Tucker, las dos especies de anguilas, peces antiquísimos aparecidos antes de la deriva de los continentes, tardaban hace 140 millones de años lo mismo en llegar al punto de destino, pues el Mar de los Sargazos estaba aproximadamente a la misma distancia de América que de Europa, siendo el Atlántico mucho más estrecho de lo que es hoy… Según Tucker en sus orígenes el viaje para las anguilas europeas era tan fácil como para las americanas, pero en la actualidad, ese viaje resulta imposible. La sorprendente hipótesis de Tucker es que las anguilas europeas jamás alcanzan su destino en el Mar de los Sargazos. Sencillamente, se encuentra demasiado lejos para que puedan llegar sin alimentarse por el camino y mueren sin descendencia. Así, las miles de anguilas europeas que llegan cada año a Europa procederían de huevos de anguilas americanas, de modo que sólo existiría en realidad una única especie de anguilas en el Atlántico. Los leptocéfalos que al azar deciden nadar hacia el oeste, alcanzarían la costa americana y se transformarían en adultos de Anguilla rostrata, mientras que los que son arrastrados por la corriente del golfo y llegan a Europa, tras un viaje mucho más largo, se transformarían en Anguilla anguilla, cuya principal diferencia morfológica es un tamaño algo mayor. La misma dotación genética, según Tucker, daría lugar a organismos adultos completamente diferentes, en función de las condiciones sufridas por las larvas durante su fase de crecimiento. Se trataría de este modo de un único genotipo, con dos fenotipos tan diferentes que habrían sido considerados durante siglos como especies distintas.

La atractiva hipótesis de Tucker (sobre todo para los seguidores de la “Teoría del Caos”), ha quedado sin embargo desmantelada a principios del siglo XXI con la llegada de las secuenciaciones de ADN y las nuevas técnicas de la biología molecular. En febrero de 2000, un grupo de investigadores alemanes de la Universidad de Rostock (Bastrop, Strehlow, Jurss y Sturmbauer), publicaron su estudio definitivo sobre el ADN mitocondrial de varias especies del género Anguilla, y el resultado no dejaba lugar a dudas: las anguilas americanas y las europeas son las más estrechamente emparentadas de las ocho especies estudiadas, pero según las secuencias de su ADN mitocondrial son especies definitivamente diferentes.

Más recientemente incluso se ha comprobado que las zonas de desove de las anguilas europeas y americanas no coinciden, sino que están unos cientos de kilómetros alejadas entre sí. Otros experimentos han demostrado que las anguilas europeas pueden sobrevivir durante cuatro años en un acuario de agua marina, sin comer en absoluto, y permanecer activas, de modo que son capaces de llegar al Mar de los Sargazos pese a la dificultad de la empresa.

Si el cuerpo de agua en el que vive se seca, las anguilas se entierran en el barro y son capaces de sobrevivir varios años larvadas allí, lo que explica el hecho de su aparición repentina tras la lluvia, que Aristóteles confundió con “generación espontánea”. Tienen la piel muy vascularizada, con muchos vasos sanguíneos y respiran el oxígeno del aire a través de la piel. Si la anguila se ve impedida de regresar al mar, prolonga su vida, pudiendo alcanzar edades de hasta 50 años, a las que inicia su viaje reproductivo hacia el Mar de los Sargazos, de donde ya nunca volverán.

Si algunos misterios de la biología de las anguilas se han resuelto, otros permanecen sin resolver, como el de la brújula que indica a las anguilas a donde deben dirigirse según la procedencia de sus padres y otro más inquietante si cabe ¿dónde están las anguilas mientras están en el mar? A pesar de que pasan meses y años en el mar en su largo viaje y a que se conoce el punto de destino al que se dirigen, en toda la historia sólo han podido documentarse cuatro o cinco capturas, y siempre muy cerca de la costa. Como no hay duda de que al menos una gran parte llega a su destino y consigue reproducirse ¿cómo hacen para permanecer ocultas en su viaje? La hipotesis, posible, de que lo hacen a enormes profundidades no justifica la escasez de capturas, puesto que son frecuentes las de especies abisales que habitan de forma permanente a profundidades inalcanzables para el ser humano. La respuesta a este interrogante no ha podido aún ser contestada.